ESCUELA de VUELO

DONDE VOLAMOS MAS...   DONDE VOLAMOS MAS...   DONDE VOLAMOS MAS...   DONDE VOLAMOS MAS...

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  ¿Objetivo o Utopía?  

       Alejo Cortés Camia es Piloto e Instructor de Parapente, Reconocido por la Federación Argentina de Vuelo Libre, Piloto de Planeador, Piloto Privado de Avión, ha hecho cursos de paracaidismo, aladeltismo, montañismo y socorrismo. Ex docente universitario en el área de las ciencias económicas, adoptó el hobby del vuelo libre a partir del año 1991. En este Manual aborda la formación del piloto de parapente definiendo como primera regla a las tres “P”: Paciencia-Prudencia-Prevención. 

A partir de allí concibe el disfrute sólo a través del vuelo seguro. Transformando la utopía del Riesgo Cero en un objetivo posible y planteando que el único factor de riesgo que predomina en este deporte depende de la condición humana y la responsabilidad, tanto de quien lo practique como de quien lo instruye.

En este manual el aprendiz de piloto encontrará un alto nivel de detalle en la descripción de las técnicas teórico-prácticas, reglamentaciones y un completo programa de aprendizaje a seguir, con gráficos e ilustraciones didácticas de fácil comprensión. Es una verdadera guía de cómo disfrutar del vuelo libre, haciendo de ello una forma de vida.

 

Primer hoja en blanco:

       Advertencia a los niños: la diferencia entre un juguete de adulto y uno de niño está en el precio. Nunca te apartes de la idea de que esto es un juego.

       Advertencia a los adultos: no siga leyendo, se encontrará con la maravillosa magia del vuelo silencioso y libre como los pájaros. Esto puede provocar una adicción irreversible y la editorial no se hace responsable (ver Apartado= Fanático yo?).

 

INTRODUCCION

       Cada vez que comencé mis estudios de piloto de distintas aeronaves no pude encontrar un texto donde evacuar todas las dudas que me surgían, al momento de profundizar los temas que progresivamente comenzaron a copar mi mente. Sea porque el texto me resultase con poca información, perdiera vigencia o, como siempre, eran una traducción: “pensado en una cultura, traducido en otra y leído por argentinos”. Entonces uno se la pasaba en los centros de vuelo, molestando a los más experimentados (incluso sin conocerlos, sin tener confianza, sin saber si te tomaban en serio), cualquiera servía como víctima de los ochocientos millones de preguntas que me iban surgiendo. El hambre de conocimiento lo justificaba. Mi biblioteca comenzó a engrosarse. En segundo plano quedaron muchos de los libros de la “New Age” y más atrás los contables y  económicos. De pronto me dí cuenta de que lo único que leía era sobre parapente.

 

       Ante mis inquietudes siempre me han contestado que los libros de Iniciación han sido concebidos para completar la tarea del Instructor, quien es al que debemos atender y preguntar. Y estoy de acuerdo. El asunto se trata entonces de dar con uno o varios maestros con quien puedas completar tu formación. No obstante ello sentí que algo faltaba desde la base, teniendo en cuenta sobre todo la ansiedad que padece el alumno, el fácil acceso a la información y la rapidez con que se asimila la práctica “precariamente”. Algo así como subirse a un “Fórmula 1” sólo por saber dónde están los pedales, pero peor, ya que en este deporte no podemos frenar ni dar marcha atrás, lo que nos obliga a tomar decisiones constantemente y todas deberán ser correctas.

 

       Así fue como advertí hace un tiempo un cosquilleo muy dentro de mí que me dictaba los párrafos de este libro. Que por supuesto no pretende reemplazar a ningún curso al que debas inscribirte para progresar en tu nivel de disfrute y seguridad, pero espero que al menos colme el nivel de detalle que, por la vorágine en la que estamos viviendo, muchas veces tiende a resumirse o simplemente a pasarse por alto.

 

       PARAPENTE RIESGO CERO empezó a concebirse al tener que darle forma al primer curso que dicté de Adaptación al Vuelo de Montaña, diseñado ante la cantidad de desprolijidades vivenciadas en los despegues y al ver por sobre todo que mucha gente no tenía conciencia de lo que es un deporte aéreo o el cómo se lo debe practicar.

       Al momento de comenzar con la emblemática tarea de la instrucción, por ejemplo, tuve que desarrollar una LISTA DE CHEQUEOS (como la que cualquier aeronave posee a bordo y que viene con su respectivo manual), ya que no pude encontrarla en los textos. Más bien lo que encontré fue tan escueto como siempre. Me dije: hay que escribirla. De esta manera, todos emplearían el mismo sistema. Entonces me puse a pensar en un despegue y las palabras comenzaron a fluir, combinando mi experiencia en las diferentes disciplinas de deportes aéreos que he estudiado.

       Por lo tanto deseo que este texto no sólo le ayude a los instructores a completar su tarea, sino que también pueda evacuar tus dudas en cada fase del aprendizaje inicial y deportivo. Cada vez somos más pilotos para compartir esta pasión, los cielos y las anécdotas. Pero no hay que olvidarse de que muchos de nosotros no volaríamos si pudiéramos ver con nuestros propios ojos cómo se comporta el aire. Por el momento y dada la tecnología actual, no podemos dejar de “conjeturar y comprobar” y muchas veces la comprobación es muy costosa. Alguien dijo por ahí que no siempre que hacemos las cosas mal sucede algo malo, pero si sucede algo malo seguramente hicimos algo mal. Por lo tanto es posible afirmar que en este deporte se empieza con una elevada cuota de suerte y muy poco conocimiento (yo todavía tengo suerte). Si todos fuéramos lo suficientemente prudentes como para aprender lo necesario antes de que se nos acabe la suerte, tal vez podríamos llegar a decir en poco tiempo que este es un deporte seguro. Que el nivel de seguridad o riesgo lo determina cada piloto y que todos los pilotos han sido formados bajo la misma estructura y ciclo lectivo, en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Entonces sólo habría verdaderos accidentes por causas que, por más que las analicemos, nunca llegaremos a eliminar ya que obedecen a otro orden y no, como las que se ven en la mayoría de los siniestros, obedeciendo a negligencias, ya sean del piloto o del instructor que no supo transmitir la primera regla de los deportes aéreos (antes de que velocidad y altura conservan la dentadura): PACIENCIA – PRUDENCIA - PREVENCION.

 

       Es decir antes que resolver situaciones es preferible quedarse en el piso con ganas de volar y no en el aire con ganas de estar con los pies sobre la tierra. Tenemos que formar pilotos INTELIGENTES, no pilotos audaces. El piloto audaz es aquel que puesto a prueba, tiene la capacidad de resolver situaciones complicadas, en cambio el piloto inteligente es quien decide no meterse en situaciones riesgosas. 

 

       Tenemos toda la vida para aprender a volar mejor. Siempre habrá alguien que vuele mejor y también habrá quien vuele peor que nosotros. Nuestro objetivo debe ser llegar a ser un VIEJO piloto y no un BUEN piloto, pues el cementerio ya está completo de estos últimos. No hay más vacantes. Así que debemos dedicarnos a disfrutar del vuelo más que a volar mejor que otros, que tal vez no disfruten tanto volando, o sí (cada uno es distinto). De esta forma seguramente podremos contarles a nuestros hijos y nietos muchas aventuras –y algunas mentiritas- soñadas o vividas, propias o plagiadas, pero las caras que pondrán yo no me las perderé por nada del mundo.

       Entonces, dejando de lado al ego, lo cierto es que cuanto más conocimiento adquirimos mayor será la seguridad y por lo tanto mayor el disfrute. Debemos investigar cada detalle en cada vuelo para ser más concientes y así compartir experiencias sanas. Mucho se escucha en las rampas de vuelo sobre cómo resolvió tal o cual problema o qué bárbaro aquel que tuvo que pasar la noche en el medio de la nada con frío y hambre, pero poco se escucha sobre cómo disfrutó aquel que hizo un despegue limpio, unos eficientes giros en las ascendencias, respetó el tránsito en la ladera, recorrió algunos kilómetros de ida y vuelta e hizo un excelente circuito de aterrizaje con toque muy suave. Claro, qué tiene para destacar un piloto humilde? Pues solamente puede contar a lo largo de los años la cantidad de “hermanos del aire” que fue cosechando (y a veces perdiendo). Lo único que no se perdió fue de ser un buen esposo, un buen padre para sus hijos que cuando lo necesitaron ahí estaba, un buen compañero a quien nunca le faltaba un trozo de suspente, una navaja para prestarte o un pedazo de rip stop para tu desgarro. A éste piloto, pienso es al que debemos imitar y con éste argumento me he incentivado para escribir este libro que es la materialización de mi deseo más profundo: PARAPENTE RIESGO CERO

 

_DIRECTOR_        _ANTECEDENTES_

 

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